Publicaciones:
El Mar de Venus. Editorial Hijos del Hule. Barcelona (2010).
Ferro, el Muñeco de Hojalata que Quería ser un Niño con Corazón. Ediciones Gentle Noise. Barcelona (2011).
La Habitación de los Pájaros. Premio Relatos Románticos (2012). Publicación en antología Ese Amor que Nos Lleva, Ediciones Rubeo. Barcelona.
Microrrelato. (Antología). Epidermis. Barcelona (2012).
De tu boca, el despertar (poemario). Ediciones Carena (2013, Barcelona).
Todas las primaveras son pecado (poemario). Ediciones Carena (2016, Barcelona)


sábado, 12 de marzo de 2011

LA ESPERA
Cuando aquella tarde de abril entraste por la puerta del bar, altanera y con paso firme, no pude evitar dejar enfriar el café para detenerte en mi mirada: mujer de ojos oscuros y aire inquieto, como de quien busca pero no encuentra, cuerpo liviano pero de generosas curvas, caderas que acogen y engendran.
Aparentemente retraída, con quizá un secreto o una pena sin consuelo entre las manos cruzadas, un misterio en cualquier caso. Mujer de sonrisa discreta en la boca pero risa explosiva en la garganta.
Te despediste de aquél que te acompañaba y que no parecía ser algo más que un amigo. Tomaste asiento frente a la barra, de espaldas a mi descaro y mi café frío.
Tamborileabas nerviosa, esperabas tu café que no llegaba y mirabas a tu alrededor buscando el contacto, perdida…
El camarero te sirvió el café con una disculpa en el gesto por la tardanza, le sonreíste mirando al suelo y enredando un dedo en el cabello rizado.
Pude adivinar tu perfil: una mirada de soslayo, un lunar oculto cerca del labio, insinuante… Una timidez desnuda y resuelta…
Ahora, veinte años más tarde, he sabido entender tu paso firme, paso que busca la tierra, sólida… la mirada etérea, el gesto distraído: un afán por la vida, un gran temor de la muerte, miedo a los finales, aunque sean felices… Los ojos que buscan lo que nunca acaba, en el infinito inherente de aquello que nunca existe porque no permanece.
Esa eras tú, la niña-mujer que no se conforma ni doblega, que quiere siempre saber más, vivir más, amar más, más, más…
¿Y yo? ¿Qué hay de mí en toda esta historia? Ahora pienso que he sido un mero espectador, aquél que siempre te ha seguido, a ti, desnuda y de espaldas, frente a la barra de un bar.
Porque a mí tú te me aparecías desnuda, sí, desnuda y melancólica, ausente…
Y no obstante supe aferrarme a esa distancia, tan tuya y mía porque así lo quise. Envidié tu transparencia, tus alas, tu estar y no estar: ser sin serlo… Los quise míos aun sabiendo que yo… Yo voy a ras del suelo, y lo toco, y lo siento…
Y esa fue nuestra historia, mi historia de Amor: un deseo, algo que de repente muda y desaparece, vapor, aire… Una espera, un anhelo, un eterno “ven”, sin respuesta…
Te tuve porque nos encontramos, nos besamos y un día me dijiste que “eras mía”. Y sin embargo, después de veinte años y desde este mármol frío con una foto tuya que no responde ni contesta, veo lo que siempre fui y no supe ser: un hombre, solo, sentado, en la mesa de un bar, el café frío, las manos vacías sobre la mesa. Un hombre que espera, espera lo imposible, lo inexplicable: que tus ojos distraídos no me miren sin verme, que tus alas no sean de pluma sino de papel. Que mi amor no haya sido y siga siendo, al fin y al cabo, una eterna espera en un bar.

Alba Seoane


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